ECONOMÍA

Crecen los proyectos de economía social

Las subas de precios de los alimentos de los productos de la canasta básica preocupan al Gobierno nacional y muchas son las alternativas que se barajan para contenerlas. Desde la Cámara de Operadores Mayoristas Frutihortícolas (Comafru) una iniciativa que está a punto de implementarse es la venta de bolsones en asociaciones sociales del conurbano bonaerense y la Ciudad de Buenos Aires. Sólo les falta conseguir un espacio techado donde hacer la logística y por eso los productores se reunirán esta semana con el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. La idea es que el Mercado Central de Buenos Aires ceda un lugar en sus instalaciones de Tapiales.

La propuesta es vender un bolsón comunitario de entre 15 y 20 kilos con productos básicos para la alimentación de una familia, a precios mayoristas.

En el inicio, la idea contempla la venta de 5.000 bolsones diarios, unos 100 mil kilos de mercadería, en asociaciones sociales, pero una vez instrumentado el plan se buscará llegar a todo el país. Si bien originalmente los productores del Mercado Central serían los abastecedores, las economías regionales darían respuesta a la demanda local de cada provincia.

Para arrancar, el proyecto necesita de "un punto con techo para hacer la logística" y por eso los productores piensan reunirse con Moreno. "Creemos que el Mercado Central es el lugar indicado, porque se abaratarían los costos de flete para armar los bolsones, teniendo un menor impacto en el bolsillo de la gente", explicó a Buenos Aires Económico el titular de Comafru, Fabián Zeta.

La idea es incluir en los bolsones unos 5 kilos de papa, 3 de zapallo anco, 2 de zanahoria, 2 de batata y hasta 5 kilos de naranja. "Luego iremos incorporando otras frutas, pero tenemos que pensar bien cuáles, porque tienen que ser manuables", señala Zeta.

"Queremos implementar estos bolsones lo antes posible, pero no tenemos el lugar", remarca el productor, que se muestra expectante ante la reunión con el secretario de Comercio Interior. "Creemos que vamos a tener eco, porque ante medidas así sabemos lo sensible que es el Gobierno", arremete.

Hasta el momento se sumaron a la iniciativa centros de jubilados, asociaciones barriales, cooperativas y centros comunitarios del conurbano bonaerense y sólo algunos centros de jubilados de la Ciudad de Buenos Aires, detalla Zeta.

"Nuestra expectativa es que esta iniciativa se amplíe a todo el país. Pero siempre teniendo en cuenta que en algunas zonas las economías regionales pueden responder a la demanda", indica el empresario.

El concepto de economía social

Emprendimientos familiares que hasta 2003 estaban orientados a la subsistencia de las personas con menores recursos, en los últimos años se han ido expandiendo por todo el país, modificando su razón de ser. De atender la subsistencia inmediata pasaron a dar respuesta a una necesidad mucho más amplia: cambiar el modelo de economía capitalista por el de economía solidaria.

De la mano de proyectos impulsados desde el Gobierno nacional, estas cooperativas de trabajo, fábricas recuperadas, emprendimientos familiares y asociaciones sociales, abastecen de alimentos de producción propia a miles de familias. "La mayoría de los alimentos que se consume en el país proviene de los cordones verdes de las grandes ciudades, donde viven los productores familiares", explica Gustavo Pérez, de la Asociación Civil La Mesa, de Francisco Álvarez, Moreno, provincia de Buenos Aires.

La Mesa es una experiencia cooperativa de trabajo, cuya pata productiva lleva el nombre de Caminemos Juntos, en donde crían conejos como carne alternativa a la vacuna. Otras experiencias tienen que ver con la cooperativa de construcción, un pequeño taller textil y un trabajo con huertas y animales de granja, principalmente pollos.

Caminemos Juntos es un emprendimiento relativamente chico, que vende alrededor de 100 conejos mensuales, a particulares, granjas, restaurantes y carnicerías. En los locales al público el kilo de conejo tiene un valor cercano a los $20 y se ha convertido en una opción ante la suba en el precio de la carne vacuna.

Gustavo cuenta que la idea del proyecto es "ampliar la red de productores de pollos y de huevos caseros", con "30 gallineros en los barrios cercanos, siempre pensados en la producción familiar".

"Tiene que ver muy fuertemente con un apoyo del Gobierno a este sector, a organizaciones productoras vinculadas a la economía solidaria. Con el Monotributo social, la creación de la Subsecretaría Familiar, la ley de microcréditos. Todo ello impulsa que lo que surgió como resistencia al neoliberalismo, en emprendimientos que estaban orientados a la subsistencia, ahora se esté vinculando a producciones familiares, a articulaciones entre las distintas experiencias asociativas", remarca Gustavo.

Para el productor "a futuro la economía solidaria puede empezar a resolver necesidades a otra escala", dado que "la agricultura familiar está en un proceso de ampliación", al igual que las economías regionales.

"Podemos mirar a futuro con una perspectiva distinta que tiene que ver con las medidas del Gobierno nacional que favorecen el mercado interno. El rumbo hace pensar que esas economías van recuperándose", destaca Gustavo.

El emprendedor señala que este tipo de proyectos ha cambiado la relación entre trabajadores y medios de producción. "Se trata de ser dueño de los medios de producción. Son experiencias donde los mismos trabajadores toman decisiones de manera autónoma y se basan en la participación", explica.

La economía social como política de Estado

De la mano de estos proyectos familiares ha ido creciendo la idea de la economía social como alternativa a los grupos concentrados de la economía, que proliferaron en la década del 90. "Se está hablando de una economía diferente, alternativa a la economía capitalista", señala Gustavo, no sin aclarar que fue el Gobierno nacional quien "propició que esto ocurriera y lo acompaña" en su crecimiento y desarrollo.

"Esta es una cuestión política. Desde la ruralidad, desde lo agropecuario hay un modelo de desarrollo que es antagónico a la Mesa de Enlace. Un proyecto que propicia un modelo de país vinculado a lo nacional y popular", subraya el emprendedor de Caminemos Juntos. Si bien reconoce que "hay un trabajo muy grande por hacer", nada puede impedir soñar con "un modelo de país que incluya a todos y no que beneficie a los sectores más concentrados".

La Red Tacurú es una red de economía solidaria que nació en 2006 a partir de la articulación de diversas experiencias de trabajo autogestivo, movimientos campesinos, colectivos estudiantiles y cooperativas, "con el fin de construir alternativas a las formas hegemónicas de comercialización y consumo imperantes en la ciudad". "Recuperando las experiencias desarrolladas por otras redes de comercio justo (de Córdoba y La Plata) y las prácticas previas de cada organización que la conforma, Tacurú busca fomentar la acción cooperativa y la organización colectiva de la economía", describe Luciana, integrante del equipo de difusión de la red.

Luciana detalla que "a partir de la creación de núcleos de consumo conformados a nivel barrial que realizan compras colectivas a la red, se propone pensar las prácticas de consumo, ya no como un acto individual y aislado, sino como parte de un entramado de construcción de relaciones sociales". Luciana explica que Tacurú "tiene como objetivo generar espacios de encuentro directo entre productores y consumidores, promover el consumo crítico y responsable, generando alternativas de venta de los productos que aporten a la sustentabilidad de las experiencias".

Algunas organizaciones que componen la Red Tacurú son la Cooperativa de Trabajadores Rurales de San Vicente; Burbuja Latina; Pastas del Sur; Tinta Roja; Panadería Pacha Pana; Mishkila; Unión de Trabajadores Sin Tierra; Movimiento Nacional Campesino e Indígena; Inti Atun; Jepe’a; Talita Mermeleta; Visnu y colectivos universitarios como La Yunta o La Mala Educación, entre otras. La red está integrada por núcleos de consumo responsable en diferentes barrios de la ciudad, llegando a ser actualmente más de 25 núcleos que agrupan a 130 consumidores aproximadamente. La propuesta de la red es conformar núcleos de consumo responsable entre amistades, familias, compañeros de trabajo y vecinos, que hacen pedidos en forma colectiva, a través del mail. "Una vez recibido el pedido, desde la red nos organizamos para hacer la entrega al lugar que se haya designado", indica Luciana. Otra opción es retirar la mercadería directamente en los depósitos de Parque Centenario. Red Tacurú fijó $100 como monto mínimo por pedido "para poder cubrir los gastos de logística, difusión y entregas", aclara Luciana.

El volumen de ventas es variable, pero por mes puede alcanzar los $8.000 aproximadamente. "A lo largo del tiempo la red ha tenido diferentes momentos, pero en los últimos meses el volumen de ventas ha aumentado, así como la cantidad de núcleos y consumidores que se suman a la red. Eso es algo que queremos seguir fortaleciendo, consolidando los diferentes núcleos ya existentes y generando nuevos", asegura la encargada de difusión de la red.

Jepe´a, como muchas otras asociaciones sociales, nació en el medio de la crisis de 2001. "Es un emprendimiento familiar "con mucho compromiso social", describe Miguel Ángel Rodríguez, cabeza visible del proyecto.

Miguel advierte que "cuesta mucho esfuerzo tener en Buenos Aire un espacio, destinado a que los pequeños productores tengan la posibilidad de difundir sus experiencias y comercializar sus productos en un marco de comercio justo". Sin embargo, gracias al esfuerzo familiar, Jepe´a el año pasado vendió más de 50 mil kilos de yerba mate.

"En este espacio hay más de 3.500 familias; 30 pequeñas cooperativas y 600 familias de San Juan", puntualiza Miguel.

Las Cooperativa de Puerto Rico, Cooperativa Ruiz de Montoya, emprendimientos familiares, Instituto Línea Cuchilla, Instituto Salesiano Don Bosco –todos de Misiones y que elaboran yerba mate, Té, dulces y encurtidos–, se suman a los emprendimientos de Santiago del Estero, Jujuy, las Redes de la Economía social y los Centros de Estudiantes.

Miguel asegura que los precios se fijan "en el marco de comercio justo". Cuenta que si bien las entregas a domicilio se realizan dentro de la Ciudad de Buenos Aires, también desechan llegar a todo el país. "En la Argentina hay gente que produce y consume con compromiso social", concluye Miguel.

Raúl Canabal, presidente de la Cooperativa de Trabajo Alimentaria San Pedro, coincide en que el desarrollo de la asociatividad es una alternativa que creció en los últimos años. La cooperativa sampedrina es una producción recuperada en 2007, pero que recién empezó a producir con marca propia en diciembre de 2009. Fabrican dulces de batata de corte, es decir en barras de 5 kilos. Las batatas las compran a los productores rurales de la zona y tienen un volumen de producción de 15 mil kilos de dulces mensuales. En la actual coyuntura del país, la idea es alcanzar este año los 100 mil kilos de fabricación mensual.

En la cooperativa trabajan 16 personas que se encargan de comprar las batatas de campo, procesarlas, fabricar el dulce, envasarlo y comercializarlo. Si se piensa que el consumo de dulce puede alcanzar el medio kilo por persona, 30 mil personas se alimentan con la producción de estos 16 trabajadores.

La venta se realiza directamente a los distribuidores, que son quienes fraccionan las barras y las venden a los comercios locales. La barra de dulce de batata tiene un valor de $17.50 los 5 kilos. "Lo que queremos para este año es crecer y que el asociado haga un retiro digno para su familia", concluye Raúl. (El Argentino)