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Argentina figura entre los países de América latina que editan mayor cantidad de libros

Los indicadores de lectura en Latinoamérica revelan que se leen entre dos y cinco libros por habitante al año, precisó Fernando Zapata López, director del Centro Regional para el Fomento de la Lectura en América Latina y el Caribe (Cerlalc) en el Congreso de la Lengua que se lleva a cabo en Panamá. La oferta en la región alcanzó el año pasado los 166.000 títulos, con un liderazgo ejercido por Brasil, escoltado por México y Argentina. La situación en la Madre Patria no es mejor, comparada con los países de su entorno: 10 libros de media por habitante al año y una oferta de 100.000 títulos anuales. Su estrategia de vender libros y no crear lectores es la causa de este retroceso de la industria.

Las principales causas de la escasa penetración del libro en los hogares y sus bajos índices de lectura tienen que ver con la pobreza, la descomposición del sistema educativo y las campañas erráticas y/o inestables de los gobiernos y la industria editorial. “Lejos de apostar por una ampliación significativa del mercado y creación de lectores, suele refugiarse en las compras del Estado o inducidas por éste para los programas escolares”, asegura José Carreño Carlón, director del Fondo de Cultura Económica, de México.

La falta de prioridad de los gobiernos regionales en la educación es la clave del poco éxito de la lectura, afirma Orit Btesh, presidenta de la Cámara Panameña del Libro: “No hay inversión en proyectos educativos y en el entrenamiento y preparación de los docentes”, afirma.

Esa falta de estabilidad en las políticas públicas es apuntada también por César Antonio Molina, director de la Casa del Lector, de Madrid.

“Es una acción administrativa que requiere una mirada de largo plazo y una ejecución de planes de carácter algo más estratégico que cosmético”, apuntó. Paradójicamente, la deficiencia mayor estriba en el erróneo enfoque de las políticas de incentivo.

“El fomento y la promoción de la lectura deben despojarse de su carga utilitaria. Leer es un placer y eso es lo que se tiene que trasmitir”, reclama William Ospina, encargado de la ponencia general: libro, lectura y educación. Para el escritor colombiano es fundamental corregir esa filosofía de obligatoriedad y “provecho” que suele ahuyentar nuevos lectores.

Un dato positivo lo constituye la experiencia de bibliotecas de papel que se están reconvirtiendo en bibliotecas virtuales, sin que eso signifique que vayan a desaparecer las tradicionales. Es un servicio complementario.

Según Carreño, del FCE, “bibliotecas y librerías están llamadas a convertirse en verdaderas escuelas de alfabetización digital”. En el mercado, la oferta de títulos digitales se ha duplicado en Latinoamérica, en dos años ha pasado de 8,6% a 16,9%.

La más alta cita del idioma español, que se viene celebrando cada tres años, se lleva a cabo en el Centro de Convenciones Atlapa, en la capital panameña, y de ella también participan los directores del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, y de la Real Academia Española (RAE), José Manuel Blecua.

Tras la ceremonia solemne de apertura del domingo, en la que participaron el presidente del país anfitrión, Ricardo Martinelli, el príncipe Felipe de Borbón y el Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, se inaguraron los debates con la participación de autores y académicos.

Un Atlas oral a cargo de autores consagrados

En coincidencia con la presentación de la edición digital del Diccionario de Americanismos, publicado por la RAE y la Asociación de las 22 Academias de la Lengua, a cargo del académico Humberto López, consagrados autores latinoamericanos aportan nuevas definiciones.

- Para el argentino Juan Gelman, “en los últimos años me ha sorprendido la acepción o el empleo entre amigos (de la palabra boludo) casi como un comodín de complicidad. Ha venido perdiendo el sentido insultante. Ha mutado a un lado más desenfadado, pero sin perder su origen”.

- Según Ana Restrepo, el uso del término “vaina” es tan colombiano como indiscriminado: “Exclamamos ‘¡qué vaina!’ cuando se trata de un desastre, y ‘¡qué buena vaina!’ para referirnos a un triunfo e incluso a la salvación”.

- “En 1974 se puso en circulación la palabra de origen maya-mam: kaibil, para designar un tipo de comandos especiales que combatieron en la guerra contraguerrillas en Guatemala, los que se hicieron notorios por su crueldad extrema y hoy aparece casi a diario en la prensa guatemalteca”, aporta de su peculio nacional Rodrigo Rey Rosa.

Fuente: Diario BAE