Japón aplicará más estímulos para superar su débil crecimiento

El gobierno del primer ministro japonés, Shinzo Abe, redobló su apuesta en favor de su plan de lucha contra la deflación y el bajo crecimiento del país, al anunciar dos extraordinarias inyecciones de fondos públicos en menos de un par de semanas.

El pasado jueves se anunció un incremento adicional de 53.000 millones de dólares al Presupuesto del año fiscal que culmina el próximo 31 de marzo, el cual se suma a los 182.000 millones de dólares aprobados por el gabinete de Abe una semana antes.

De esta manera, al menos oficialmente, el Gobierno ha aumentado el gasto público en 235.000 millones de dólares, en proyectos destinados a apuntalar y desarrollar la inversión pública para asegurar un ciclo económico de crecimiento en Japón.

Desde que llegó al poder en diciembre del año pasado, Abe se comprometió a poner en marcha un plan de lucha contra la deflación y el bajo crecimiento económico de su país, apelando para ello a políticas de estímulo monetario y de subas del gasto público.

Este giro de profundización de las políticas heterodoxas, pero limitadas, que sigue Japón desde hace muchos años para combatir el estancamiento de su economía iniciado en 1990-91, entusiasmó a los mercados que subieron rápidamente.

A escala mundial, Japón se sumó así a las políticas establecidas por Washington para Estados Unidos desde el estallido de la crisis de 2007 y, en particular, a partir de 2008 tras la caída del gigantesco banco de inversión Lehman Brothers.

Los dos paquetes de incremento del gasto aprobados en dos semanas parecen haber sido el resultado de la baja tasa de crecimiento del PIB en el tercer trimestre, un fuerte golpe a las expectativas internas y externas, según los analistas.

En el segundo trimestre, la economía se había expandido a una tasa del 3,8% interanual, marcando el tercer trimestre consecutivo de alza.

Pero, ahora, las primeras estimaciones del comportamiento económico en el tercer trimestre de este año indican que se ha crecido apenas 1,9% en tasa anualizada, la mitad que el trimestre anterior.

Como Abe ha querido evitar desequilibrios fiscales muy agudos por su agresiva política de gasto público, se ha anunciado que el IVA japonés pasará en el próximo año fiscal que comienza el 1 de abril del 5% al 8%.

En este sentido, las ampliaciones de gasto anunciadas parecen ser una suerte de medida anticipada que asegure una dinámica de expansión del PIB, ante el freno al consumo que supone una suba tan pronunciada del IVA.

Según el ministro de Finanzas nipón, Taro Aso, el objetivo "es lograr tanto un repunte de las finanzas públicas como la revitalización de la economía".

El paquete suplementario de 235.000 millones de dólares anunciado servirá, según Aso, para realizar nuevas inversiones de infraestructura para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, así como la reconstrucción de los daños provocados por el terremoto y el tsunami de marzo de 2011.

Asimismo, y cuestión nada menor, la ampliación de fondos fiscales le servirá al Gobierno para cubrir los gastos presupuestarios para este año fiscal, sin que el Estado tenga necesidad de emitir nuevos bonos de deuda ya que se espera una mayor recaudación fiscal este año fiscal que finaliza en marzo.

Sin embargo, diversos analistas han considerado que la cifra de 235.000 millones de dólares está sobredimensionada, y que la ampliación de gastos es menor si se tiene en cuenta que la mayor parte de las obras anunciadas estaban previstas e incluidas en créditos de prestamistas financieros respaldados por el Gobierno.

Todo esto muestra a las claras que el mercado y los agentes económicos no terminan de estar convencidos de los planes de Abe que, a diferencia de los primeros meses tras su asunción al cargo, empiezan a ser cuestionados por falta de consistencia.

El Gobierno, por su parte, defiende su política del paso a paso, centrada en la tarea del Banco de Japón (banco central) de comprar bonos para crear mayor liquidez, mantener bajas las tasas de interés y depreciar el yen que ya ha caído 20% frente al dólar en el último año.

También en incrementar la tasa de inflación hasta un rango del 2% anual por medio de esta política de estímulos monetarios, para inducir a los consumidores a bajar su tasa de ahorro y volcar su dinero al mercado por medio de compras acrecentadas de bienes, lo cual complementaría el alza de exportaciones por un yen devaluado.

Pero mientras el Gobierno reclama, además, que las empresas eleven los salarios para aumentar la capacidad de compra de la población, los hombres de negocios le piden a Abe que apure la flexibilidad laboral, el fomento a la inmigración y la incorporación de la mujer al mercado laboral.

Todas medidas que, bien mirado, empujan a la baja los salarios reales y hasta los nominales, en las condiciones deflacionarias que Japón tarda todavía en abandonar a pesar de los esfuerzos de Abe.

Una contradicción despunta y tiende a agudizarse entre los planes oficiales y los que reclama el sector empresario, mientras está por verse aún la posición de los asalariados en un debate que comienza a calentarse en Japón.

Fuente: Télam