La Argentina se ubica entre las tres economías que más crecen en el mundo

En un mundo aún convulsionado por la incesante crisis internacional; en un Occidente industrializado que no encuentra otra salida a la creciente conflictividad socioeconómica que recurrir al nefasto recetario del FMI, la Argentina sobresale como una de las tres primeras naciones con los más elevados índices de recuperación. En efecto, políticas sociales, comerciales y económicas soberanas, con el Estado además como eje fundamental, la Argentina se eleva como un “excelente ejemplo” para las economías emergentes decididas a no pagar los costos de una crisis generada por las economías desarrolladas. Ostensible para todos, la “Argentina real” resulta imposible de ocultar: a un informe del FMI que proyecta un crecimiento del PBI del 7,5% para 2010, debemos sumar un segundo y muy interesante informe extranjero del semanario británico liberal The Economist sobre la performance argentina. Sírvase el lector de un análisis de los puntos más significativos del informe aludido, publicado el 14 de octubre pasado y titulado “Producción, Precios y Empleo”. Salvo que se especifique lo contrario, los datos aquí utilizados surgen de una tabla incluida en el periódico británico que describe los siguientes indicadores, aplicados a 58 países (incluye la Eurozona): PBI, actividad industrial, precios al consumidor y desempleo. Las fuentes del diario londinense fueron: Thomson Reuters, el Centro para el Monitoreo de la Economía India, el Banco Central Europeo, la OCDE y los bancos centrales y agencias de estadísticas oficiales de los países relevados.

RECUPERACIÓN Y CRECIMIENTO

El PBI argentino del segundo trimestre de 2010 creció un 11,8% con relación a igual trimestre del año anterior. De los 58 países estudiados, y siempre en relación a 2009, sólo Taiwán (12,5%) y Ucrania (12%) exhibieron un mayor crecimiento del PBI. Es decir, la Argentina experimentó la tercera mejor recuperación económica del mundo. Si se evalúa la tendencia anualizada entre el trimestre medido y el inmediato anterior, el país registra una suba del 12,3%, sólo superada por Chile (18,4%), México (13,5%) y Lituania (13,4%). En relación a las proyecciones del PBI para el 2010, la Unidad de Inteligencia Económica de The Economist (UIE) predice un crecimiento del PBI argentino del 6,8%, que significa la octava posición entre los 58 países. Al respecto, es interesante advertir que junto a Brasil (7,2%) y Perú (7%), el ritmo del crecimiento argentino para este año se ubica más próximo al de las potencias asiáticas China (9,9%), Taiwán (9,2%) e India (8,4%) –los extremos son Singapur (12,2%) y Japón (2,9%)– que de la industria occidental de los Estados Unidos (2,6%) y la Eurozona (1,5%). La Argentina se posiciona como una de las tres naciones con la mejor recuperación económica del mundo (2009-2010), ubicándose entre las ocho primeras con los mejores pronósticos de crecimiento para 2010, cuadruplicando las tasas de los países generadores de la crisis. La robustez del modelo argentino lo coloca a la vanguardia mundial de la recuperación post-crisis.

RECUPERACIÓN DE LA REGIÓN

El crecimiento del PBI argentino del 11,8% interanual es por lejos el más alto de América. Algunos ejemplos: Canadá (3,4%), los Estados Unidos (3%), Perú (9,1%), Brasil (8,8%), México (7,6%), Chile (6,5%), Colombia (4,5%) y Venezuela (-1,9%). Cuando se evalúa la tendencia anualizada entre el trimestre medido y el inmediato anterior, la Argentina –sólo superada por Chile (18,4%) y México (13,5%)– duplica el porcentaje de Brasil y triplica el de Colombia. Al calcular el crecimiento medio del PBI (2010-2011), Brasil se posiciona en el primer lugar con el 5,8%, Perú en el segundo con un 5,7% y la Argentina en el tercero con el 5,4%. No obstante, entre 2008 y 2010 tanto Brasil como Perú registraron una mayor desaceleración económica que la Argentina, así como menores saldos de cuenta corriente interanuales (el 2%del país frente a Brasil -1,5% y Perú con 0,2%). Sólo la Argentina, Bolivia y Venezuela tendrán saldos de cuenta corriente positivos en 2010 y 2011 (según el World Economic Outlook 2010 del FMI).

PRECIOS Y DESEMPLEO

Los valores más altos en el primer indicador (agosto o septiembre) fueron para Venezuela (28,5%), Ucrania (15,2%), Pakistán (13,2%), Argentina (11,1%), Egipto (10,9%), India (9,9%) y Turquía (9,2%). Llama poderosamente la atención que de los 58 países, sólo en el caso de la Argentina se aclare como cita al pie que “las estimaciones extraoficiales de este indicador son mayores a las oficiales”. La referencia resulta como mínimo extraña, puesto que la tabla se basa en información provista por fuentes oficiales para los 58 países estudiados. Seguro existirán innumerables ejemplos donde las estimaciones no gubernamentales difieran de las oficiales. Oposición hay en todos lados. La diferencia de medición señalada para la Argentina es sumamente arbitraria e improcedente. Poner en tela de juicio a la entidad de estadísticas oficial atenta contra la imagen de ese país y, por supuesto, contra la credibilidad de The Economist. La referencia no se preocupa por definir cuáles son las fuentes extraoficiales, cuáles son sus estimaciones, ni si presentan conflictos de interés (muchas de las consultoras en la Argentina se basan en el IPC de Graciela Bevacqua, la ex Indec que fue desplazada de su cargo por el gobierno y elevada a rango de patriota por la oposición). Además, hay un grosero desliz. La Unidad de Inteligencia Económica de The Economist proyecta para la Argentina un aumento de precios al consumidor del 10,8% para 2010, es decir un 0,3% inferior al estipulado por el Indec (11,1%) pero un 14,2% menor al de Bevacqua. Interrogante: la diferencia entre el diario británico y las consultoras, ¿no debía haber sido también merecedora de una nota aclaratoria?

Más interesante aun resulta el hecho de advertir que en la Argentina el incremento de este indicador (tomando como “oficial” al calculado por la UIE) es similar al de Rusia, India, Turquía, Ucrania, Pakistán, Egipto y Vietnam, países que no sólo presentaron notables incrementos interanuales de sus PBI, sino que se encuentran entre los que exhiben los más elevados crecimientos medios del producto (2010-2011). Es decir, para ciertas naciones parecería existir una ligazón entre su recuperación económica y el incremento de sus precios al consumidor. La proporcionalidad resulta más contundente cuando se observa que todos estos países implementaron fuertes medidas de estímulo a la obra pública, al consumo interno y al aparato productivo, así como también una significativa incorporación de reservas obligatorias en efectivo (India, Turquía y la Argentina). Es justo señalar la fuerte incidencia de los precios de las materias primas sobre el nivel de precios al consumidor, ciertamente una incidencia que en el caso de la Argentina habría sido muy desfavorable de no haberse amortiguado a través de las retenciones a las exportaciones.

Otra característica común a todas estas economías, y que cabepena destacar, reside en las tasas de desempleo registradas. En todos los casos, las tasas se ubican entre leves a moderadas (tomando como parámetro de “moderada a grave” a la economía griega, con un 11,6%, y como “grave” a la española, con el 20,5%).

CONCLUSIONES

Para los aún escépticos de la “Argentina real”, para los aún temerosos de un modelo de desarrollo cimentado en las chimeneas, la proliferación de “cabecitas negras” y la justicia social, nada mejor que conocer y descansar en la muy favorable opinión que organismos internacionales y medios de comunicación primermundistas tienen de la performance económica argentina. Dichas opiniones presentan en realidad una doble trascendencia, puesto que tanto para el FMI como para determinados países industrializados, el modelo argentino constituye un “mal ejemplo” que deben seguir las economías emergentes. Y no sólo un “mal ejemplo”, sino también una “amenaza”. ¿Amenaza para quién? Para la prosperidad del mundo occidental. Dicha argumentación pertenece a un economista gurú del HSBC, StephenH. King (no confundir con el autor de los cuentos de terror). No es casual que King cuente este año con una abultada agenda de entrevistas, las cuales dedica a la presentación de su último libro: Perdiendo el control. Las amenazas emergentes contra la prosperidad occidental. Este libro sintetiza la preocupación del establishment especulador anglo-franco-germano y, por tanto, explica las renovadas presiones de los organismos internacionales hacia la Argentina. El libro despierta dos reflexiones: la magra recuperación, el estancamiento o retroceso exhibidos por la Europa occidental y los Estados Unidos: ¿acaso no están emparentados con la decisión de las economías emergentes de la periferia de no pagar los costos ni compartir en absoluto las consecuencias de una crisis ajena, generada justamente por los centros industriales de Occidente? ¿Es nuestra prosperidad, como aduce King, la causa de la contra-prosperidad del Primer Mundo? Como sea, la política económica soberana implementada por la Argentina, su sustentable modelo de desarrollo, posicionan al país a la vanguardia de la recuperación mundial. Y aquí el gran y único mensaje: vivir, crecer y desarrollarse en base a las propias capacidades y al esfuerzo colectivo y recíprocamente solidario no sólo es posible, sino también necesario.

(Tiempo Argentino)