"La editorial creció mucho, y mi orgullo es saber que fui parte de todo esto"

¿El contador Scoppetta no trabaja más en la editorial? Es una pregunta que con mucha frecuencia surge en el Sistema de Consultas de Aplicación Tributaria S.A.. Los suscriptores de siempre, los que llegaron a ser sus amigos, continuamente están queriendo saber acerca de su vida porque lo recuerdan con un afable cariño.

Movidos por esa corriente de amistad fuimos a entrevistar al contador Miguel Ángel Scoppetta –ex director de la Revista Aplicación Tributaria y asesor impositivo– para que nos cuente algunas anécdotas y recuerdos de su paso por la editorial durante aquellos años entre 1989 y 2005.

¿Cómo conoció a la editorial?

Jorge Barrios (actual presidente de la firma), y su padre, Leopoldo, eran vendedores de una editorial a la que yo le compraba libros y revistas profesionales. Un día, allá por 1989, Jorge Barrios me ofreció un nuevo producto (la revista Aplicación Tributaria) y lo compré porque me pareció que era un material muy práctico y con un precio accesible.

Además, en un período inflacionario como en el que nos encontrábamos, la editorial ofrecía a sus clientes una revista que aparecía de manera bimensual y por tanto le permitía a los suscriptores una actualización de información más constante, algo tan necesario en ese momento. Es así que fui uno de los primeros clientes de la editorial. Hasta que un día, el actual presidente me convocó para que formara parte de la gran familia.

¿Cuál era su función dentro de la editorial?

Mi primera función era abastecer de contenido a la revista, por lo que me abocaba la mayor parte del tiempo a recopilar la información legislativa (decretos, leyes y resoluciones generales, entre otras cosas) que era publicada a diario por los organismos gubernamentales. Luego, me desempeñé como asesor en el Sistema de Consultas de la editorial.

También colaboré en la publicación de algunos libros. Era un trabajo arduo pero muy apasionante. Para mí, el Sistemas de Consultas fue uno de los principales aciertos de la editorial, y estoy orgulloso de haber sido parte de su lanzamiento. Casi se podría decir que yo atendí la primera consulta.

¿Cómo era su relación con los suscriptores?

La relación con los suscriptores era muy buena, ya que había un respeto mutuo a nivel profesional. Desde el comienzo, intentamos asesorar a los profesionales de una manera eficiente. Siempre atendí cada consulta respetando el siguiente principio: “Yo estoy para solucionarle el problema a los suscriptores”. A muchos llegué a conocerlos por el tono de voz. Es un motivo de orgullo para mí haberlo logrado y que los profesionales aún hoy no dejen de reconocerlo, a pesar de que ya hace dos años que me desvinculé de la editorial.

¿Cómo se preparaba para enfrentar el día a día?

Las inquietudes transmitidas por los profesionales significaron un entrenamiento profesional muy intenso. A poco de empezar con las consultas, me dí cuenta que no sabía de impuestos tanto como creía, ya que una cosa es usar el conocimiento para realizar –por ejemplo– una presentación, y otra, para asesorar a un suscriptor que está en el teléfono y que necesita que le respondas ya. Me acuerdo que durante las primeras consultas, mientras el suscriptor me hacía la pregunta, yo buscaba en algún libro cuál podía ser la respuesta. Mi miedo era que me preguntaran algo que no supiera.

¿Podría contarnos alguna experiencia positiva?

Un verano estábamos vacacionando con mis hijos en la ciudad bonaerense de San Bernardo y decidimos ir a comer a un restaurante lujoso. Me acuerdo que estábamos esperando una ubicación cuando de repente uno de los comensales nos invita a sentarnos a su mesa. Era uno de nuestros suscriptores. Por supuesto, no me dejó pagar ni un centavo. Mis hijos no podían creer que alguien me tratara de esa forma.

¿Y una anécdota negativa?

Después de tantos años, cualquier experiencia negativa se torna risueña. Una vez llamó un suscriptor y como yo estaba atendiendo otra consulta, cortó de mala manera. Al rato me comuniqué y me dijo: “la respuesta la necesitaba hace treinta minutos, no ahora”. Entonces, con la paciencia que me caracteriza, le respondí: “lo que usted necesita es un consultor personal y no un sistema de consultas”. El suscriptor se dio cuenta que había estado mal y pidió las disculpas del caso.

¿Por qué decidió desvincularse de la empresa?

El trabajo en la editorial me encantaba pero exigía muchas energías. Además, quería dedicarme a la parte empresarial. Me costó mucho irme porque era dejar atrás una parte importante de mi vida. Me sentía muy a gusto en la editorial pero necesitaba irme.

¿Cómo siguió la relación con los directivos de la editorial?

Existe una profunda amistad entre nosotros porque hemos pasado gran parte de nuestras vidas juntos. Siempre me acuerdo cuando la mamá de Jorge Oscar Barrios, Nelly, nos invitaba a comer unas milanesas que a mí me parecían espectaculares. También nos cebaba mate y eso hacía que trabajáramos en familia. Además hice muchos amigos entre los suscriptores y aún sigo en contacto. La editorial ha ido creciendo mucho a lo largo de estos años y mi orgullo es saber que fui parte de todo esto.

¿Qué otros emprendimientos está por encarar?

Actualmente, soy asesor tributario en algunas empresas, y –además– tengo una serie de proyectos empresarios en el sector de la carne. Estoy a punto de cumplir sesenta años, pero siempre quiero emprender cosas nuevas.

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Esta entrevista fue publicada en febrero de 2008 en la Revista "Técnica Impositiva" editada por la editorial Aplicación Tributaria S. A.

Por Lic. Mariana Leiva

Exclusivo para Aplicación Tributaria S. A.