Argentina impulsa normas para dotar de mayor calidad a la producción de cereales y oleaginosas
Las tendencias a nivel global indican en el último tiempo que hay una búsqueda de productos más inocuos. Es decir, alimentos más en sintonía con el medio ambiente. Bajo esa consigna es que científicos argentinos impulsan un sistema de buenas prácticas en el almacenamiento de cereales y granos de oleaginosas, para disminuir la contaminación y evitar, así, sanciones y el cierre de mercados a la exportación de un sector que generá divisas en el orden de los u$s30.000 millones anuales para el país.
Se trata de un trabajo en conjunto entre el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), dichos organismos desarrollaron un programa de implementación de buenas prácticas de manufactura (BPM), en las etapas de almacenamiento, conservación y transporte de granos, con el objetivo de controlar las micotoxinas, una sustancia tóxica producida por hongos, causando una contaminación e impidiendo luego no sólo su comercialización sino también provocando un perjuicio económico a toda la cadena comercial.
De esta forma, Argentina se pone a la vanguardia de los altos estándares de calidad, inocuidad y seguridad. Al respecto el director de INTI-Cereales y Oleaginosas, Nicolás Apro, explicó que el objetivo “es desarrollar productos de calidad, dado que el grano es el inicio del alimento”.
La importancia del sector oleaginoso y cerealero se puede observar en las divisas que genera al país. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el complejo exportador que ocupó el primer lugar el año pasado fue el oleaginoso, con u$s21.000 millones; seguido por el automotor, con u$s11.600 millones, y quedando en tercer lugar el cerealero con u$s9.500 millones.
Bajo esta necesidad es que se lanzó un plan piloto con cinco empresas acopiadoras pertenecientes a la Federación de Centros y Entidades Gremiales Acopiadoras de Cereales y a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), con los cuales se diseñaron procesos de sensibilización, concientización y formación de recursos humanos, con el objeto de desarrollar capacidades endógenas y promover el concepto de mejora continua. Como resultado, cuatro lograron certificar bajo la norma IRAM-NM 324 de BPM y la restante está en vías de hacerlo.
Frente a los resultados, se trabajan ahora en el desarrollo e implementación de una norma que promueva la obligatoriedad de aplicar buenas prácticas de higiene e inocuidad en granos en los establecimientos de plantas de acopios.
En definitiva, el objetivo es integrar el valor agregado en origen a la calidad e inocuidad en la cadena de granos, abarcando así desde la producción primaria e industrial hasta el consumidor.
De esta forma, Argentina se pone a la altura de los grandes productores como Estados Unidos, Canadá o Australia, que ya tienen estas exigencias incorporadas a su cadena comercial. Hoy es posible producir alimentos de calidad a gran escala y asegurar la protección de los consumidores y del medio ambiente.
Más competitividad tecnológica
Un trabajo elaborado por Gustavo Idígoras y Sabine Papendiek, a pedido del Ministerio de Ciencia, denominado “El futuro de las tecnologías en el año 2020 a nivel mundial en los complejos productivos industriales”, destacó que el cambio económico a nivel mundial impone un escenario único para la agroindustria local, a partir de la mejora de la competitividad tecnológica para posicionarse como proveedor de alimentos procesados.
En sentido, el estudio remarcó que la clave estará en el diseño de una agenda nacional que englobe dichos desafíos para lograr llegar con las herramientas necesarias de una demanda cada vez mas exigente, marcada por menores tasas de crecimiento económico, reducción del comercio internacional y mayores medidas de proteccionismo comercial.
Fuente: Diario BAE

