LAVADO DE DINERO
La justicia rechazó un nuevo pedido del JP Morgan para acallar a Arbizu
En un fallo que, más allá de la resolución de fondo, clarifica las razones centrales por las cuales no avanza en la justicia la causa de lavado de dinero más importante del país, la Justicia Comercial reconoció que el banco JP Morgan sólo buscó callar al arrepentido Hernán Arbizu para preservarse de un escándalo de escala internacional, sin preocuparse por colaborar con pruebas que desmientan la información sobre presuntos delitos económicos denunciados por el ex banquero arrepentido.
El Juzgado Comercial Nº8 rechazó en la última semana un pedido del JP Morgan por reforzar un bozal legal a Arbizu que ya se le había otorgado cinco años atrás, argumentando que, paralelamente, el banco no hizo ningún esfuerzo en presentar información que contrarrestara a la de Arbizu. En pocas palabras, la entidad apostó a salvar su imagen silenciando a Arbizu, no obstante las denuncias concretas por facilitar a privados de la Argentina esquemas para fugar y lavar dinero.
En junio de 2008, cuando el ex banquero del JP Morgan Hernán Arbizu, se autodenunció en Argentina como autor de una gran estafa con transferencias no autorizadas de fondos entre cuentas de sus clientes y, paralelamente, señaló como posibles lavadores de dinero a grupos nacionales como Clarín, Ledesma, Constantini y Bunge, el banco reaccionó rápido y buscó callar a cualquier precio a su ex empleado. En ese momento –y más allá de las movidas de extradición que intentaron el FBI y la Embajada de Estados Unidos– , la entidad presentó ante el Juzgado Comercial 8, a cargo de Javier Cosentino, una medida cautelar para aplicarle a Arbizu un bozal legal por considerar que la difusión de cierta información dañaba su imagen. El 16 de julio de 2008, la respuesta del magistrado fue favorable: Cosentino resolvió hacer lugar a la cautelar y ordenó a Arbizu que se abstenga de difundir información "confidencial y privilegiada" que hubiera obtenido "ilícitamente", como consecuencia de la relación laboral que lo vinculaba con el JP Morgan o con la cartera de clientes de este, una categoría demasiado global si se tiene en cuenta que el negocio de banca privada se basa fundamentalmente en la confidencialidad. En pocas palabras, el juez le habilitaba al JP Morgan la preservación del statu quo hasta tanto el banco accionara civilmente contra Arbizu para, con fundamentos, justificar que los dichos de su empleado no eran ciertos.
Así las cosas, y como en cinco años –la misma cantidad de tiempo que llevan congeladas las dos causas por lavado de dinero denunciadas por Arbizu y que lleva adelante el juez Sergio Torres– el banco no llevó a su ex empleado a la Justicia Civil, es decir, no lo denunció en Argentina por daños y perjuicios, Cosentino le rechazó al JP Morgan la profundización del bozal, y dejó a Arbizu en libertad para dar en público o ante los tribunales más información confidencial de las causas en curso. Es más, el banco ni siquiera intentó cobrar las multas que el juez había autorizado aplicar cada vez que Arbizu violara el bozal, cosa que desde 2008 el ex banquero hizo, desinhibido por la complejidad de su situación procesal.
En el fallo Cosentino explica que "lamentablemente", la cautelar no ha sido "un remedio netamente provisorio para llegar a una pronta solución que hiciera cesar la inconducta inapropiada que se endilga al aquí demandado". Y agrega que "en efecto, obsérvese que próximo a cumplirse los cinco años desde la providencia cautelar que ordenase el amparo cuya intensificación hoy se pretende (…) la accionante –insisto– supuesta agraviada por el incesante comportamiento desleal de su contrario, ha optado por resguardar su eventual derecho mediante una tutela provisional que ha reeditado (…), más no se aprecia que con igual ahínco haya actuado en el desenvolvimiento que impone el propio proceso que ha promovido".
En el párrafo siguiente, el juez hace un análisis de coyuntura único hasta el momento en una causa de presunto lavado de más de U$S 5000 millones que no tuvo ningún avance en cinco años. "Fiel al axioma de que el procedimiento debe operar en función del derecho y no a la inversa, es que un quinquenio de tramitación de un juicio sumarial que ha sido diseñado en base a la concentración de actos y al acotamiento de plazos de suerte tal que su solución resulte –en la medida de lo posible– inminente, impide albergar alguna justificación frente a un acto ocioso. Máxime cuando –como en el caso– está en juego supuestamente el descrédito de una entidad bancaria cuya envergadura financiera internacional es pública y notoria", apunta Cosentino, el mismo magistrado que investigó al vicepresidente Amado Boudou en el caso de Ciccone Calcográfica.
Lo que nadie hasta el momento había querido ver en la causa de lavado que Arbizu denunció en Argentina, lo vio un magistrado que entiende en una causa tangencial a la de fondo. Es que si bien Cosentino se refiere a la inacción del JP Morgan en la causa "JP Morgan Chase Bank N.A. c/ARBIZU HERNÁN S/SUMARÍSIMO", deja al descubierto las razones reales por las cuales el banco y los Estados Unidos nunca aportaron datos para confirmar o desmentir lo aportado por Arbizu. Sucede que para determinar (o acusar) a Arbizu de no cumplir con el bozal legal, el banco tendría que reconocer al menos de manera implícita que la versión de su ex empleado –por ejemplo en relación al manejo de fondos de Clarín– pertenecía a ese conjunto de información "confidencial y privilegiada" supuestamente obtenida por el ex ejecutivo de manera ilegal. Es decir, el Morgan debería reconocerse como partícipe de un presunto delito, que justamente es el que denuncia Arbizu. Por caso, y tomando un ejemplo, el Morgan debería reconocer o negar que hay cuentas de Clarín en el JP Morgan, mediante las cuales se fugó del país dinero sin registrar.
La preocupación del JP Morgan por ocultar información sobre sus operaciones ya se había percibido en 2008, ya que cuando pidió el bozal para Arbizu incluyó la necesidad de silenciar además a sus representantes legales y "a cualquier persona y medio técnico de comunicación social", con el pedido de prohibición de "difundir y publicar" información que pertenece "al ámbito privado de sus clientes". Cosentino, entonces, se negó a habilitar un bozal para los medios. El JP Morgan fundamentó su pedido en base a la recepción favorable que tuvieron las denuncias entabladas contra Arbizu en EE UU, particularmente una cautelar para evitar la difusión de la información. Además de este proceso, en el país del Norte –al igual que en la Argentina– se tramitan dos causas penales contra Arbizu por estafa al JP Morgan. Arbizu confesó ante Torres una megaestafa con traspaso de fondos entre cuentas de clientes del Morgan y, a la vez, dio un listado de 469 personas y empresas a las cuales el ex banquero les ayudaba a fugar y lavar dinero. Con la estafa de Arbizu, que vinculó traspasos de fondos entre las cuentas del supermercadista Carlos López; los políticos paraguayos Acevedo Quevedo; y Garber (ex Musimundo); Torres abrió la causa 7943/08. Mientras que las 469 empresas lavadoras quedaron en una sub-causa, la 9232, que también tiene Torres. Ambas tuvieron, en cinco años, escaso movimiento, por el lobby del banco, de EE UU y los denunciados.
De una cautelar a otra, sin escalas
Denuncia y bozal: a mediados de 2008, Arbizu, ex banquero del JP Morgan, se autodenunció en la justicia local adjudicándose un fraude y, además, denunció que lavaba dinero para 469 personas y empresas. El banco pidió un bozal legal, que le fue otorgado por el juez Cosentino.
Cinco años y ningún dato: desde entonces a hoy, el JP Morgan no se presentó nunca ante la justicia para desmentir o confirmar los dichos y documentación de Arbizu.
Una cuestión de imagen: el banco volvió a pedir en las últimas semanas un bozal para Arbizu, que fue denegado por el mismo magistrado que lo había otorgado en 2008. El argumento fue que el JP Morgan no mostró intención por clarificar la situación de fondo.
La cifra
5000 millones es el dinero, en dólares, que habría sido fugado por los 469 clientes argentinos del JP Morgan con la ayuda del ex banquero Arbizu.
Fuente: Tiempo Argentino

